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Un día en Tamil Nadu

  • Writer: Martha Caceres
    Martha Caceres
  • Jan 24, 2022
  • 5 min read



Entre los millones de estrellas de la vía láctea, hay una estrella que le da vida a un planeta con 7 mil 800 millones de humanos. Humanos que con otras especies del planeta, giran con la tierra en un ciclo que ilumina y oscurece el planeta cada 24 horas. La tierra desde el espacio se ve azul porque está en su mayoría cubierta de océanos, uno de ellos es el océano índico que bordea un país milenario donde viven 1.380.000 millones de personas. Este país a su vez esta divido en 28 estados. Uno de los 28 estados es Tamil Nadu donde viven 78 millones de personas y este a su vez esta divido en 38 distritos, uno de ellos es Coimbatore con 3 millones de personas.


De estas 3 millones de personas 30 están regresando a sus casas en un bus desde el estado vecino de Karnataka. Los buses tienen camas para dormir durante las largas distancias, los pasajeros acostados se mueven de un lado a otro siguiendo el ritmo de las curvas de la carretera o hacia al frente y atrás por los frenazos repentinos.


Coimbatore recibe a los pasajeros que llegan con el amanecer a las 5:45 de la mañana. Gallos y pavos cantan el comienzo de un nuevo día. El sol se asoma como una bola de fuego naranja detrás de las montañas que lucen como brazos de gigantes abrazando a India desde Gujurat hasta Tamil Nadu. Grandes extensiones de palmeras de coco pintan el territorio de verde brillante. Mujeres en largos vestidos barren las entradas de sus casas. Casas pintadas de colores azules, rosados y verdes. Azules, rosadas y verdes son las mandalas en el suelo que invocan bendiciones. Las salamandras en las paredes de las casas juegan a estatua cuando se miran de cerca como si al quedarse congeladas se hicieran invisibles, dicen que pueden escuchar los pensamientos humanos y responden a ellos con su vocecita que suena como una serie de pequeños besos agudos.


Las bendiciones de un nuevo día se reciben en las casas hindúes donde se enciende una vela para honrar a Ganesha, Lakshmi o Shiva y en la iglesia de St John con la cruz en el techo que recuerda a Colombia, se reciben también bendiciones en la mezquita donde alguien canta con melancolía y belleza una plegaria al cielo.


Los Dioses ubicados en el templo de colores y con forma de piramidal son bendecidos uno a uno por el sol hasta que el sol alcanza su cenit coronando la punta de la pirámide. La entrada del templo está rodeada de vendedores ambulantes que ofrecen frutas y flores para entregar a los Dioses, decenas de pares de zapatos y sandalias esperan afuera mientras sus dueños de fe inquebrantable se inclinan con sus pies desnudos en el piso sagrado. Cuervos vuelan con propiedad dentro y fuera del templo. Los perros buscan restos de comida en las calles y defienden su territorio de otros perros invasores. Los micos asemejan niños traviesos, saltan en los techos, juegan con la ropa que se seca al sol y roban comida a los humanos con estrategias novedosas e inteligentes.


Los niños juegan con ramas de árboles o juguetes improvisados, las mujeres visten sarees vibrantes y flores de jazmín decoran sus cabezas, un punto rojo en sus frentes indica que se han casado. Los aretes, pulseras de oro y el diamante en la nariz recuerdan a la Diosa Lakshmi. Los anillos en los dedos de sus pies hacen juego con las tobilleras de cascabeles que suenan al caminar. Los hombres están vestidos con Lungi, largas telas hechas de algodón con colores o diseños que cubre su cintura y piernas.


En las cocinas, idli y Dosa son preparados con una mezcla de lentejas y arroz fermentado, mientras el olor de sambar, un estofado de verduras y especias, anuncia en la casa que es hora de comer. Los platos son acompañados por chutney de coco. El coco se usa en el arroz, curry y en los dulces, el agua de coco calma la sed en las altas temperaturas, el coco es usado en el ritual y para sanar los dolores del cuerpo. El coco se da en las alturas porque es un regalo del cielo.


El cielo sin duda inspiró el saludo común en Tamil Nadu: se ubica la mano en el corazón mientras se sonríe a quien se saluda. Un grupo de amigos disfrutan el café filtrado, que es servido en pocillos de acero y se acompaña con galletas mientras hablan en tamil uno de los idiomas clásicos y más longevos del mundo.


En las calles las bocinas de los camiones suenan como el primer trompetazo en una serenata de mariachis. Carros, buses, bicicletas, peatones cruzando desprevenidos, tuc tucs en todas las direcciones, motos con dos, tres o más personas, vacas sentadas en la mitad de las calles con calma y propiedad obligando a las motos y carros a buscar vías alternas. Cabritos jugando y saltando al lado de la carretera. Se escucha el taladro en las obras de la calle y el silbato del oficial de tránsito. Los conductores pitan para que el peatón no se atraviese, para que la vaca se mueva, pitan porque el tuc tuc cambió de dirección repentinamente, pitan porque el motociclista está ocupando dos carriles de la vía o ¡va en contra vía hacia ellos! pitan por si a acaso, pitan por la posibilidad de que el algo se salga del perfecto caos sincronizado que rige las calles de India.


Tambores y pólvora son utilizados en una celebración religiosa, una procesión parte desde el templo bailando al ritmo de la música. Mientras tanto una fuerte discusión se escucha en otro barrio, los perros ladran, el tuc tuc trata de abrirse paso, la gente se agrupa en grupos tratando de parar la pelea o simplemente para satisfacer su curiosidad, mientras un vendedor de comida pasa ofreciendo Bhel puri, Pani puri y cutlet.


La tierra sigue mostrando su movimiento, el este del planeta se despide del sol, los halcones vuelan con plenitud y confianza, dibujando círculos perfectos, con la certeza de quien sabe que está hecho para volar. Los cuervos caminan como si tuvieran prisa por llegar a sus destinos. Los pavos aparecen con una peculiar calma y en el momento perfecto abren su majestuoso plumaje mientras el sol pinta el cielo de colores rosado, violeta o naranja. Los colores del atardecer se reflejan en el agua que cubre los campos de arroz. Las garzas vuelan con elegancia regalando el más hermoso espectáculo de sincronía en el cielo. Las libélulas danzan felices en el aire celebrando su transformación. Cientos de murciélagos de fruta o cachorritos con alas vuelan hacia el oeste para empezar su noche.


La oscuridad se abre paso, grillos, sapos, saltamontes y cigarras le dan música a la noche. En las torres blancas de Coimbatore alguien se asoma al balcón a mirar la luna y los puntos de diamantes en el cielo que cuentan la historia de estrellas muy lejanas que habitan un universo donde una de ellas, el sol y sus planetas viajan por el universo, danzando en sincronía y dando lugar a un nuevo amanecer.



Martha Cáceres








 
 
 

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